— ¿De verdad? ¿Crees que a alguien le gustaría tenerme a mí? ¿Como si fuera su propio niño? —Oh, tú eres mucho mejor —le dijo Edward—. Ya has pasado la peor edad. El niño brincó encantado y se sentó en el regazo de Edward. «Oye, no he dicho que fuera a adoptarte», pensó Edward. Debería ocurrírsele una excusa para que se bajara, pero no se le ocurrió ninguna. La confianza que el pequeño había puesto en él era bastante desconcertante. Y también bastante agradable. Bella salió de la habitación. —Emmett, no molestes a Edward. —Me ha dicho que le gustaría tenerme —dijo el niño con cabezonería.
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