—En realidad, no. Pregúntame sobre lo que yo sueño, Bella. Pregúntame adónde voy cuando cierro los ojos por la noche. —No estoy segura de querer saberlo. Edward dio un paso al frente e inclinó la cabeza de manera que sus labios rozaron suavemente el cabello de la sien. —Gracias por la invitación a la copa. Me gustaría asistir un rato. Gracias también por venir a hablar conmigo y, para que conste, cuando cierro los ojos por la noche, pienso en unos jugosos labios, en una piel de seda y en una pasión que no se parece en nada a lo que yo haya podido experimentar jamás. Pregúntame adónde voy yo todas las noches, pelirroja.
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