Bella terminó de vestirse y se acercó a él. Se mordió el labio hasta que se hizo sangre. —Edward. Él no podía verla. Estaba mirando por la ventana con las manos metidas en los bolsillos. Bella sintió frío y se frotó los brazos. Era imposible no entender la actitud de Edward, incluso aunque no lo quisiera. —Ya veo —dijo con calma—. Sólo querías saber si... podías. Y ahora que lo sabes yo soy un engorro, ¿no es eso? —Sí —dijo Edward. Bella no esperaba aquella respuesta. Su mirada se ensombreció de repente.
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