–La química entre nosotros sigue viva. Hasta ahora la habíamos ignorado con éxito, pero quizás nos apetezca reanudar ese aspecto de nuestra relación cuando estés plenamente recuperada. –¿Qué relación? –Isabella estuvo a punto de atragantarse–. ¿Qué química? –saltó de la silla sin darse cuenta, todo su ser rechazando lo que acababa de oír–. En cuanto el médico me lo permita, volveré a mi casa –arrojó la servilleta sobre la mesa y se dirigió de nuevo hacia la puerta. –Pues te irás sola –contestó él en tono implacable–. Renie se queda aquí.
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